En formación, menos es más

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Dice Platón, de una manera muy cruda, que cualquier hombre es capaz de tener hijos, pero no cualquiera es capaz de educarlos. Y yo digo, que cualquier empresa es capaz de tener un Plan de Formación para sus trabajadores, pero no cualquiera es capaz de formarlos.

Cuando pedimos a las empresas que nos enseñen los indicadores referidos a RRHH, siempre nos enseñan, entre otros, aquellos que aplican a la formación: número de horas de formación por agente y año, número de acciones formativas, presupuesto, etc. Pero, la mayoría son indicadores solitarios ya que pocos de ellos se relacionan entre sí.

A menudo, pocas son las empresas que cuentan con datos referidos a la eficacia de la formación. Existe un plan de formación con un presupuesto y con unos resultados. Pero, ¿somos capaces de relacionar estas tres cosas y establecer una fórmula que nos informe sobre si tal o cual acción formativa ha sido eficaz, eficiente o, en definitiva, rentable?

Demostrar la eficacia de la formación es uno de los talones de Aquiles de los gestores de la formación. Muchos de ellos se inventan formatos o los toman prestados de los registros de la documentación de su sistema de calidad, que alguien firma (normalmente el jefe directo del que ha recibido la formación) y que un auditor da como válido para demostrar la eficacia de la formación.

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